Salir de la zona de confort

Plantas medicinales para salir de la zona de confort: mi experiencia personal

Salir de la zona de confort nos genera miedo, y las plantas medicinales, son una gran herramienta para lograrlo, a pesar del temor que nos pueda generar atavesar la experiencia. Por eso, cuando oí hablar del descubrimiento y crecimiento personal que nos regalan las vivencias con estas plantas, sentí que no podía dejar pasar la oportunidad de surfear esta ola.

Sin duda, la Pachamama es sagrada. Su poder es infinito y se observa desde la existencia de un pequeñísimo ser vivo hasta la de uno enorme, como un león. Así como los animales tienen el poder de sanar, las plantas también. Una de las plantas medicinales que nos regala la tierra  es la Ayahuasca (también conocida como Yagé), la cual nos saca totalmente de nuestra zona de confort, quebrando todo lo que creemos seguro.

Definida tambén como un té, resulta de la fusión de la chacruna (que contiene DMT, una sustancia vegetal que se encuentra de forma normal en la naturaleza y que posee propiedades psicotrópicas que, cuando se ingiere, provoca un estado modificado de conciencia) y el cipó, entre otras plantas adicionales también. Existe hace miles de años (se dice que el rey Salomón la bebía) y ocupa un lugar privilegiado en las comunidades indígenas del Amazonas por ser considerada un té sanador, despertador de conciencia y revelador de las verdades más ocultas en cada uno.

Tal es así, que las ceremonias practicadas en Perú y Brasil, por ejemplo, están respaldadas por la ley.

Plantas medicinales para salir de la zona de confortPlantas medicinales para salir de la zona de confort

 

 

 

 

 

 

 

¡Sí! Lo sé, imagino que si estás escuchando su nombre por primera vez, o que si ya lo hiciste pero de refilón, pareciera que estoy hablando de algo sectario o medio oscuro, como si fuera una posión extraña que te va a llevar a lo peor de otros mundos. ¡Tranquil@! A mí también me sonó así la primera vez que lo escuché, pero justamente, es todo lo contrario. Por eso, quiero contarte bien en qué consiste esta gran experiencia.

Antes de que leas la nota, quiero aclararte que NO se trata de una droga, mucho menos de una droga sintética; la Ayahuasca es una bebida sagrada que nos da la tierra en forma de planta medicinal. Es un regalo, una ayuda a nuestros problemas internos. Por lo tanto, merece respeto… mucho respeto. Espero que sepas entender a qué me refiero con todo esto.

Ahora sí, estás en condiciones de escuchar la experiencia que cambió mi vida… ¡para siempre!

¿Cómo tomé la decisión de animarme a probar esta planta medicinal para salir de mi zona de confort?

Hacía un tiempo que había escuchado hablar de esta bebida sagrada y de su poder transformador. Como sabía que Brasil es un lugar donde abunda, sentí que el viaje de mochilera que estaba por emprender hacia ahí, podía ser el momento perfecto para hacerlo; así que, lo primero que hice, fue empezar a prepararme.

Comencé a buscar información sobre gente que había experimentado con plantas medicinales psicotrópicas para saber qué había sentido, qué había visto durante el trance y cómo había cambiado su vida después de pasar por esta vivencia. La verdad es que encontré muchas cosas en el camino, entre ellas, varias notas sobre la psicodelia que produce, los vómitos, el llanto, las posibles ganas de ir al baño y los mejores lugares para hacerlo. Lo que más me llamó la atención fue un documental que encontré “por casualidad” en Netflix: “Vine of the soul”

Debo confesar que me pareció súper interesante porque cuenta la historia de occidentales que viajan al Amazonas peruano para probarla, narrando muy bien el antes y el después en la vida de cada uno luego de la experiencia. ¡Aquí les dejo el trailer! No tiene subtítulos en español, pero sí la peli completa en Netflix.

Me gustó mucho el hecho  de que filman los rituales, lo que permite tener un acercamiento muy real de cómo es la vivencia. Claro que es imposible saberlo hasta que uno lo siente en “carne propia”, pero al menos, aquí se ve en qué consiste y qué va sucediendo, todo en un marco de respeto y amor, como debe ser.

Por supuesto que lo que vi aquí me llamó mucho la atención, y recuerdo haber pensado: “Más allá del miedo, tarde o temprano lo voy a tener que hacer”.

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Acercándome a la bebida sagrada

Ya comenzado el viaje, aproximadamente cuatro meses de estar en la ruta, me acercaba a un lugar de confianza donde sabía que iba a encontrar al té sagrado, porque amigos lo habían probado allí un tiempito antes de que nosotros viajáramos. Era una ecoaldea, un lugar maravilloso y pacífico en medio de la naturaleza del nordeste brasileño, decorado con un estilo indígena y nativo. Algunos de los chicos que estaban alojándose ahí, nos comentaron que en los próximos días habría una ceremonia y que si queríamos, podíamos participar de ella, así como también sumarnos a una actividad que consistía en ir al lugar donde se llevan a cabo los rituales y colaborar con la siembra de esta planta medicinal.

Claro que mi novio, Brian, ya se había decidido a hacerlo; él estaba convencido desde hacía mucho tiempo. Por mi parte, sabía que estaba en un lugar de confianza,  donde sería cuidada y guiada durante el viaje. Sin embargo, sentía  algo adentro que me decía que aún no estaba preparada y el hecho de que fuera en un contexto no tan libre (la ceremonia se realizaba en marco del Santo Daime, un movimiento religioso surgido en la Amazonia Brasileña), no terminaba de convencerme, así que decidí que ese aún no era mi momento. Obvio que me generaba mucha intriga e incertidumbre, más sabiendo que la posibilidad de atravesar esa experiencia estaba tan a mi alcance, pero algo en mi corazón me frenaba. Y sí, después entendí por qué.

Llegando al Amazonas: el lugar que me vio renacer y abandonar mi zona de confort para siempre

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Siete meses mochileando. La vida me encontraba más desestructurada, con menos rigidez mental y mucho más abierta a todo lo que tocara enfrentar. Con mi novio, llegábamos de un larguísimo viaje desde Jericoacoara hasta Belém, primera ciudad del Amazonas encarando desde el nordeste. Como la mayor parte de nuestro viaje, la hicimos a dedo, por lo que llegamos agotados a uno de los lugares más hermosos del planeta.

Luego de despedirnos de quienes nos habían dado un aventón con su camión gentilmente durante dos días, nos tomamos un autobus que nos conducía hasta la casa de quien nos daría alojamiento gratuito gracias a couchsurfing. En ese trayecto, un chico de unos 23 años aproximadamente, nos preguntó si podía apoyar su hermosa caña de bambú donde estábamos sentados. Respondimos amablemente que sí y  él contestó (en portugués): “muchas gracias, es que vengo muy cansado de un trabajo”. Como nos resultó llamativa su respuesta, casi a modo de coro, Brian y yo le consultamos: “¿De qué trabajás?”. “No, me refiero a que vengo de un trabajo con plantas medicinales, un trabajo con Ayahuasca. ¿Escucharon hablar?”.

Sí, nos quedamos atónitos. Se me erizó totalmente la piel. Mi corazón se paró por un segundo. Sentí como un calor invadió mi cuerpo y un nudo que se formaba en mi estómago. Todas esas sensaciones parecieron haber ocurrido en una eternidad, pero habían transcurrido en tan solo milésimas de segundos. Nuevamente a modo de coro, mi novio y yo dijimos: “Sí, conocemos! ¿Podrías decirnos cómo es el trabajo? Lo hacen dentro del Santo Daime?” Nos miramos y no podíamos creerlo. Queríamos saber absolutamente todo.

Aquí hago un paréntesis… Recuerdo que lo que más me impactó de Brian, al día siguiente de su primera ceremonia de Ayahuasca, fue su mirada, porque verdaderamente sus ojos eran otros; estaban transformados. Y él, también. Según su relato, había vivido una de las experiencias más maravillosas de su vida, que no podía explicar lo que era y que quería volver a repetirlo, solo que la próxima vez, en un ritual un poco más “libre”, fuera de un contexto religioso.

El encuentro con ese “moço” (muchacho), como dicen en Brasil, fue perfecto. Nos comentó que la ceremonia se realizaba más o menos a una hora de donde estaríamos alojados y de forma totalmente abierta. Detalló que antes de comenzar el proceso, se hacía un poco de yoga y relajación, y agregó que la coordinaba un tal Cícero, un biólogo nativo de Floripa, que tenía las dos plantas sagradas (cipó y chacruna) en el lugar donde se llevaban a cabo los rituales,  junto a un hermoso lago donde se podía nadar. Lo último que agregó es que la bebida estaba disponible todos los sábados. Eso quería decir, que en 6 días, habría un nuevo encuentro.

El muchacho nos dejó su teléfono, nombre y datos para contactarlo. Se despidió diciendo: “espero vocês o sábado próximo” (los espero el próximo sábado).

Y de esta forma, en tan solo un segundo, sentí que el gran encuentro con la planta se hacía realidad. Ahora sí la Ayahuasca me había encontrado; era el momento y lugar perfectos… ¿Qué mejor que en el Amazonas? Su lugar de origen. Es que dicen que así funciona: ella te encuentra, y no uno a ella.

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